Casi todas las penas que sufrí en mi Pasión fueron triples.
 

 

Pensamientos sobre la
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Nº 31
19 de febrero, 2015

"Hija mía, no sólo la coronación de espinas fue triple, sino casi todas las penas que sufrí en mi Pasión fueron triples. Triples fueron las tres horas de la agonía del huerto; triple fue la flagelación, flagelándome con tres diferentes flagelos; tres veces me desnudaron; por tres veces fui condenado a muerte: de noche, de madrugada, y en pleno día; tres fueron las caídas bajo la cruz; tres los clavos; tres veces mi corazón derramó sangre, esto es, en el huerto por sí mismo; de su propio centro en el acto de la crucifixión cuando fui estirado sobre la cruz, tanto, que todo mi cuerpo quedó dislocado y mi corazón se destrozó dentro, y derramó sangre; y después de mi muerte cuando con una lanza me fue abierto el costado; triples las tres horas de la agonía sobre la cruz. Si todo se quisiera examinar, ¡oh! cuántascosas triples se encontrarían. Esto no fue por casualidad, sino que todo fue por el orden divino, y para completar la gloria debida al Padre,

la reparación que se le debía por parte de las criaturas, y merecer el bien para las mismas criaturas, porque el don más grande que la criatura ha recibido de Dios, ha sido el crearla a su imagen y semejanza y dotarla con tres potencias: inteligencia, memoria y voluntad, y no hay culpa que cometa la criatura en que estas tres potencias no concurran, y por eso mancha, estropea la bella imagen divina que contiene en sí misma, sirviéndose del don para ofender al donador; y Yo para rehacer de nuevo esta imagen divina en la criatura, y para dar toda aquella gloria que la criatura le debía a Dios, he concurrido con toda mi inteligencia, memoria y voluntad, y en modo especial en estas cosas triples sufridas por Mí, para volver completa tanto la gloria que se debía al Padre, como el bien que era necesario a las criaturas."

S. de D. Luisa Piccarreta
Vol. 6, Septiembre 26, 1904

 

Mi cuerpo es el verdadero retrato del hombre que comete pecado.
 

 

Pensamientos sobre la
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Nº 32
26 de febrero, 2015

"Querida hija mía, mírame bien para que conozcas a fondo mis penas. Mi cuerpo es el verdadero retrato del hombre que comete pecado; el pecado lo despoja de la vestidura de mi Gracia, y yo para dársela nuevamente me hice despojar de mis vestiduras; el pecado lo deforma, y si bien es la más bella criatura que salió de mis manos, se vuelve la más fea y da asco y horror. Yo era el más bello de los hombres y para darle de nuevo la belleza al hombre, puedo decir que mi Humanidad tomó la forma más fea; mírame cómo estoy horrible, me hice quitar la piel y la carne por los azotes y quedé irreconocible. El pecado no sólo quita la belleza, sino que forma llagas profundas, putrefactas y gangrenosas que corroen las partes más íntimas, consumen los humores vitales, así que todo lo que el hombre hace en estado de pecado son obras muertas, esqueléticas, el pecado le arranca la nobleza de su origen, la luz de su razón y se vuelve ciego, y yo para llenar la profundidad de sus llagas hice me arrancaran a pedazos la carne, me reduje todo a una sola llaga, y derramando a ríos mi sangre hice que corrieran los humores

vitales en su alma, para darle nuevamente la vida. ¡Ah! si no tuviera en mí la fuente de la vida de mi Divinidad, yo habría muerto desde el principio de mi Pasión, porque a cada pena que me daban mi Humanidad moría, pero ella me restituía la vida.

Ahora bien, mis penas, mi sangre, mis carnes arrancadas a pedazos están siempre en acto de dar vida al hombre, pero el hombre rechaza mi sangre para no recibir la vida, pisotea mis carnes para quedar llagado. ¡Oh! cómo siento el peso de la ingratitud."

S. de D. Luisa Piccarreta
Vol. 14, Febrero 9, 1922

 

Mi primera Pasión fue el amor.
 

 

Pensamientos sobre la
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Nº 33
20 de marzo, 2015

"Hija mía, mi primera Pasión fue el amor, porque el hombre al pecar, el primer paso que da en el mal es la falta de amor, por lo tanto, faltando el amor se precipita en la culpa. Por eso el Amor, para rehacerse en mí de esta falta de amor de las criaturas me hizo sufrir más que todos, casi me trituró, más que bajo una prensa, me dio tantas muertes por cuantas criaturas reciben la vida.

El segundo paso que sucede en la culpa es defraudar la gloria de Dios, y el Padre, para rehacerse de la gloria quitada por las criaturas me hizo sufrir la Pasión del pecado, esto es, que cada culpa me daba una pasión especial; si la Pasión fue una, el pecado en cambio me dio tantas pasiones por cuantas culpas se cometerán hasta el fin del mundo, y así se rehízo la gloria del Padre.

El tercer efecto que produce la culpa es la debilidad en el hombre, y por eso quise sufrir la Pasión por manos de los judíos, esta es mi tercera Pasión, para rehacer al hombre de la fuerza perdida.

Así que con la Pasión del amor se rehízo y se puso en justo nivel el Amor, con la Pasión del pecado se rehízo y se puso a nivel la gloria del Padre, con la Pasión de los judíos se puso a nivel y se rehízo la fuerza de las criaturas. Todo esto lo sufrí en el Huerto, fue tal y tanto el sufrimiento, las muertes que sufrí, los espasmos atroces, que habría muerto de verdad si la Voluntad del Padre hubiera llegado a querer que yo muriera."

S. de D. Luisa Piccarreta
Vol. 11, Enero 22, 1913

 

Todos pueden participar en los méritos y en los bienes que fructificaron de los dolores de mi Madre.

 

 

Pensamientos sobre la
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Nº 34
27 de marzo, 2015

"Todos pueden participar en los méritos y en los bienes que fructificaron de los dolores de mi Madre. Quien anticipadamente se pone en las manos de la providencia, ofreciéndose a sufrir cualquier tipo de penas, miserias, enfermedades, calumnias y todo lo que el Señor disponga sobre ella, viene a participar del primer dolor de la profecía de Simeón. Quien actualmente se encuentra en los sufrimientos y está resignado y está más estrechado conmigo, no me ofende, y como si me salvara de las manos de Herodes, y sano y salvo me custodia en el Egipto de su corazón, participa del segundo dolor. Quien se encuentra abatido de ánimo, árido y privado de mi presencia, y está firme y fiel a sus acostumbrados ejercicios, es más, busca la ocasión de amarme y buscarme más, sin cansarse, viene a participar de los méritos y bienes que adquirió mi Madre en mi extravío. Quien en cualquier ocasión que se encuentre, especialmente de verme ofendido gravemente, despreciado, pisoteado, y busca repararme, compadecerme y rogar por aquellos mismos que me ofenden, es como si encontrara en

aquella alma a mi misma Madre, que si hubiera podido me hubiera liberado de mis enemigos, y participa en el cuarto dolor. Quien crucifica sus sentidos por amor de mi crucifixión, y trata de copiar en sí las virtudes de mi crucifixión, participa del quinto. Quien está en continua actitud de adorar, de besar mis llagas, de reparaciones, de agradecimientos y más, a nombre de todo el género humano, es como si me tuviera en sus brazos, como me tuvo mi Madre cuando fui depuesto de la cruz, y participa del sexto dolor. Quien se mantiene en mi Gracia y me corresponde, y no da a ningún otro albergue en el propio corazón sino a Mí sólo, es como si me sepultara en el centro del corazón, y participa en el séptimo."

S. de D. Luisa Piccarreta
Vol. 6, Septiembre 17, 1905

 

¿Quieres saber cómo fue que mi Madre
tuvo la fuerza para dejarme?

 

 

 

Pensamientos sobre la
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Nº 35
8 de mayo, 2015

"Estaba pensando en el dolor de cuando mi dolorosa Madre, traspasada en el corazón, se separó de mi Jesús, dejándolo muerto en el sepulcro, y pensaba en mi interior: "¿Cómo fue posible que haya tenido tanta fuerza para poder dejarlo? Es cierto que estaba muerto, pero era siempre el cuerpo de Jesús, ¿cómo fue que su amor materno no la consumió para no dejarle dar un solo paso lejos de aquel cuerpo extinto? Y sin embargó lo dejó. ¡Qué heroísmo, qué fortaleza!" Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me dijo:

Hija mía, ¿quieres saber cómo fue que mi Madre tuvo la fuerza para dejarme? Todo el secreto de su fuerza estaba en mi Voluntad reinante en ella. Ella vivía de Voluntad Divina, no humana, y por eso contenía la fuerza inmensurable. Es más, tú debes saber que cuando mi traspasada Madre me dejó en el sepulcro, mi Querer Divino la tenía sumergida en dos mares inmensos, uno de dolor y el otro, más extenso, de alegrías, de bienaventuranzas, y mientras el de dolor le daba todos los martirios, el de la alegría le daba todos los gozos y su bella alma me siguió al limbo y asistió a la fiesta que me hicieron todos los patriarcas, los profetas, su padre y su madre, nuestro amado San José; el limbo se transformó en paraíso con mi presencia y yo no pude menos que hacer partícipe a Aquélla que había sido inseparable en mis penas,

hacer que asistiera a esta primera fiesta de las criaturas, y fue tanta su alegría, que tuvo la fuerza de separarse de mi cuerpo, retirándose y esperando el momento de mi Resurrección como cumplimiento de la Redención. La alegría la sostenía en el dolor, y el dolor la sostenía en la alegría. A quien posee mi Querer Divino no puede faltarle ni fuerza ni potencia ni alegría, todo lo tiene a su disposición. ¿No lo experimentas en ti misma cuando estás privada de mí y sientes que te consumes? La Luz del Fiat Divino forma su mar, te hace feliz y te da la vida."

S. de D. Luisa Piccarreta
Vol. 21, Abril 16, 1927

 

Cuántos gemidos ahogados del Espíritu Santo.

 

 

 

Pensamientos sobre la
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Nº 36
22 de mayo, 2015

"La mía, con tu vuelo en mi Voluntad ponte en todos los Sacramentos instituidos por mí, desciende en el fondo de ellos para darme tu pequeña correspondencia de amor. ¡Oh! cuántas lágrimas mías secretas encontrarás en ellos, cuántos suspiros amargos, cuántos gemidos ahogados del Espíritu Santo, su gemido es continuo por las tantas desilusiones de nuestro Amor. Los Sacramentos fueron instituidos para continuar mi Vida sobre la tierra en medio de mis hijos, pero, ¡ay de mí, cuántos dolores! Por eso siento la necesidad de tu pequeño amor, será pequeño, pero mi Voluntad me lo hará grande; mi Amor no tolera para quien debe vivir en mi Voluntad, que no se asocie a mis dolores y que no me de su pequeña correspondencia de amor por todo lo que he hecho y sufro, por eso hija mía ve como gime mi Amor en los Sacramentos."

 

S. de D. Luisa Piccarreta
Vol. 3 Diciembre 2, 1899

 

Mi cuerpo es el verdadero retrato del hombre que comete pecado.
 

 

Pensamientos sobre la
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Nº 37
12 de junio, 2015

He visto a mi bendito Jesús todo llagado y chorreando sangre y me dijo:

"Hija mía, el cielo con todo lo creado te enseña el amor de Dios; mi cuerpo llagado te enseña el amor del prójimo, tanto, que mi Humanidad unida a mi Divinidad, de las dos naturalezas hice una sola y las volví inseparables, porque no sólo satisfice a la Divina Justicia sino que llevé a cabo la salvación de los hombres. Y para hacer que todos asumieran esta obligación de amar a Dios y al prójimo, no sólo hice de esto una sola obligación, sino que llegué a hacer de esta obligación un precepto divino. Así que mis llagas y mi sangre son tantas lenguas que enseñan a todos y cada uno el modo de amarse y la obligación que todos tienen de poner atención a la salvación de los demás."

Después, tomando un aspecto más afligido ha agregado:

"Qué despiadado tirano es para mí el amor, porque no sólo empleé todo el curso de mi vida mortal en continuos sacrificios, hasta morir desangrado sobre una cruz, sino que me quedé como víctima perenne en el sacramento de la Eucaristía. Y no sólo esto, sino que a todos mis miembros predilectos los tengo como víctimas vivientes en continuos sufrimientos, empeñados en la salvación de los hombres, como entre tantos te elegí a ti para tenerte sacrificada por amor mío y por los hombres. ¡Ah sí! Mi corazón no encuentra descanso ni reposo si no encuentra al hombre, y el hombre, ¿cómo me corresponde? ¡Con ingratitudes enormes!"

S. de D. Luisa Piccarreta
Vol. 3, Junio 18, 1900

 

Mis penas fueron ¡oh, cuánto más duras,
y más múltiples que las que se vieron!

 

 

 

Pensamientos sobre la
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Nº 38
19 de junio, 2015

"Hija mía, yo sufrí todo en mi Voluntad, y a medida que sufría mis penas, ellas abrían tantos caminos en mi Voluntad para llegar a cada criatura. Si no hubiera sufrido en mi Voluntad, que envuelve todo, mis penas no habrían llegado hasta ti, ni hasta todos y cada uno, habrían quedado con mi Humanidad. Es más, habiéndolas sufrido en mi Voluntad no sólo abrían tantos caminos para ir a todas las criaturas, sino que abrían también tantos otros para hacerlas entrar a ellas hasta mí y unirse con esas penas y darme cada una de las penas que con sus ofensas me debían dar en todo el curso de los siglos, y mientras yo estaba bajo la tempestad de los golpes, mi Voluntad me traía a cada una de las criaturas a

golpearme, así que no fueron sólo aquellos los que me flagelaron, sino las criaturas de todos los tiempos, que habrían con sus ofensas concurrido a la bárbara flagelación, y así en todas las demás penas mi Voluntad me traía a todos, ninguno faltaba a la llamada, todos me estaban presentes, ninguno faltó, por eso mis penas fueron ¡oh, cuánto más duras y más múltiples que las que se vieron!

Entonces si quieres que los ofrecimientos de mis penas, tu compasión y reparación, tus pequeñas penas, no sólo lleguen hasta mí, sino que hagan los mismos caminos de las mías, haz que todo entre en mi Querer, y todas las generaciones recibirán los efectos."

S. de D. Luisa Piccarreta
Vol. 15,  Diciembre 1, 1922

 

¡Qué prisión horrenda es para el hombre el pecado!

 

 

 

Pensamientos sobre la
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Nº 39
27 de junio, 2015

"Hija mía, en mi Pasión quise sufrir también la prisión para liberar a la criatura de la prisión de la culpa. ¡Oh! qué prisión horrenda es para el hombre el pecado, sus pasiones lo encadenan como vil esclavo, y mi prisión y mis cadenas lo liberaban y lo desataban. Para las almas amantes mi prisión les formaba la prisión de amor, donde podrían estar al seguro y defendidas de todos y de todo, y las escogía para tenerlas como prisiones y tabernáculos vivientes, que me debían calentar de las frialdades de los tabernáculos de piedra, y mucho más de las frialdades de las criaturas, que aprisionándome en ellas me hacen morir de frío y de hambre; he aquí por qué muchas veces dejo las prisiones de los tabernáculos, y vengo a tu corazón para calentarme del frío, para restablecerme con tu amor, y cuando te veo ir en busca de mí a los tabernáculos de las iglesias, yo te digo: ¿No eres tú mi verdadera prisión de amor para mí? Búscame en tu corazón y ámame."

S. de D. Luisa Piccarreta
Vol. 12, Diciembre 4, 1918

 

Quise ser desnudado para sufrir y reparar la desnudez del hombre cuando se desnudó de la vestidura real de mi Voluntad.

 

 

 

Pensamientos sobre la
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Nº 40
10 de julio, 2015

"Hija mía, ¿quieres saber la causa por la que fui desnudado cuando fui flagelado? En cada misterio de mi Pasión primero me ocupaba de consolidar la rotura entre la voluntad humana y la Divina, y después de las ofensas que esta rotura produjo. Cuando el hombre en el edén rompió los vínculos de la unión entre la Voluntad Suprema y la suya, se despojó de las vestiduras reales de mi Voluntad y se vistió con los miserables harapos de la suya, débil, inconstante, impotente para hacer algo de bien. Mi Voluntad le era un dulce encanto que lo tenía absorbido en una luz purísima que no le hacía conocer otra cosa que a su Dios, del cual había salido y quien no le daba otra cosa que felicidad sin medida, y estaba tan absorbido por lo mucho que le daba su Dios, que no se daba ningún pensamiento de sí mismo. ¡Oh! cómo era feliz el hombre y cómo la Divinidad se deleitaba en darle tantas partículas de su Ser, por cuanto la criatura puede recibir, para hacerlo semejante a Él.

Ahora, en cuanto rompió la unión de nuestra Voluntad con la suya, perdió la vestidura real, perdió el encanto, la luz, la felicidad; se miró a sí mismo sin la Luz de mi Voluntad y viéndose sin el encanto que lo tenía absorto, se conoció, tuvo vergüenza, tuvo miedo de Dios, tanto que su misma naturaleza sintió sus tristes efectos, sintió el frío y la desnudez y sintió la viva necesidad de cubrirse; y así como nuestra Voluntad lo tenía en el puerto de felicidades inmensas, así la suya lo puso en el puerto de las miserias. Nuestra Voluntad era todo para el hombre y en Ella encontraba todo, era justo que habiendo salido de Nosotros y viviendo como un tierno hijo nuestro en nuestro Querer, viviera de lo nuestro, y este Querer debiera sustituirse a todo lo que él necesitaba; por lo tanto, como quiso vivir de su querer, tuvo necesidad de todo, porque el querer humano no tiene el poder de sustituirse a todas las necesidades, ni tiene en sí la fuente del bien, por eso fue obligado a procurarse con cansancio las cosas necesarias a la vida. ¿Ves entonces qué significa no estar unido con mi Voluntad? ¡Oh! si todos la conocieran, sólo tendrían un solo suspiro: "Que mi Querer venga a reinar sobre la tierra." Así que si Adán no se hubiera sustraído de la Voluntad Divina, aun su naturaleza no habría tenido necesidad de ropa, no habría sentido la vergüenza de su desnudez, ni habría estado sujeto a sufrir el frío, el calor, el hambre, la debilidad; pero estas cosas naturales eran casi nada, eran más bien símbolos del gran bien que había perdido su alma.

Por eso hija mía, antes de ser atado a la columna para ser flagelado, quise ser desnudado para sufrir y reparar la desnudez del hombre cuando se desnudó de la vestidura real de mi Voluntad. Sentí en Mí tal confusión y pena al verme así desnudo en medio de los enemigos que se burlaban de Mí, que lloré por la desnudez del hombre y ofrecí a mi Celestial Padre mi desnudez, para hacer que el hombre fuera revestido de nuevo con la vestidura real de mi Voluntad, y como pago para que esto no me fuera negado ofrecí mi sangre, mis carnes arrancadas a pedazos, me hice desnudar no sólo de mi ropa, sino también de mi piel para poder pagar el precio y satisfacer el delito de esta desnudez del hombre; derramé tanta sangre en este misterio, que en ningún otro derramé tanta, que bastaba para cubrir al hombre como con una segunda vestidura, y vestido de sangre para cubrirlo de nuevo y así calentarlo y lavarlo para disponerlo a recibir la vestidura real de mi Voluntad."

S. de D. Luisa Piccarreta
Vol. 15,  Diciembre 1, 1922